El Carnaval Tradicional en La Aldea

by Proyecto La Aldea on 21 febrero, 2014

A principios de los años noventa del pasado siglo, tras un trabajo de investigación (recopilación) desde un Centro Educativo sobre el carnaval tradicional en nuestro pueblo, se llevó a cabo la recuperación de esta fiesta e incluso se hicieron unas Jornadas Educativas en 1994 en las que vinieron todas las manifestaciones del carnaval tradicional de las islas, desde los carneros del Hierro hasta los Buches de Lanzarote. Las personas mayores, algunos casi centenarios en aquellos momentos, nos decían que a parte de las mascaritas vestidas con las ropitas viejas, el pañito en la cara, la cesta para recolectar huevos y la caña, varias personas y a la misma vez como por ejemplo “Cho Cayetano” en el barrio de los Espinos, vestía a los niños unos con pieles de cabras, otros de machos con sus cuernos y cencerros a modo de ganado, él de pastor con zurrón, garrote y el perro, y se recorría los barrios del pueblo como si de un ganado se tratara, esto hacía mucha gracia. Ante esta afirmación fuimos preguntando e investigando por si esto pudiera ser un hecho aislado, pero nuestra sorpresa fue que en algunos de los barrios alejados del pueblo también lo hacían. Don Ezequiel Ramírez una de las personas entrevistadas, nos hablaba que eso los hacían los más viejos, la mayoría de ellos ya fallecidos. Por suerte, todavía vivía una persona Don Marcos Sánchez que a sus ochenta años recordaba que cuando niño Cho Cayetano lo vistió de cabra y decía:

“me puso una zalea de cabra, unos cuernos, me pinto la cara con tizne y salimos un grupo de niños como si fuéramos un ganado de cabras”.

Otros personajes típicos descritos en estos carnavales, fueron el diablo vestido con zaleas de cordero y cabeza de vaca que arrastrando cadenas entraba por las casas siendo el terror de los más jóvenes.

Nos contaban así mismo, que alguno se ponía un rabo de penca y le prendía fuego para asustar. Incluso alguno más atrevido se subía en zancos.

Correr los carnavales era salir en parrandas por los barrios pidiendo huevos para hacer tortillas. Los hombres se vestían de mujeres y las mujeres de hombres, ropas viejas, sábanas, colchas, cualquier cosa servía para divertirse y pasarlo bien en estos días anteriores a la Cuaresma.

Este carnaval no se encuentra documentado sino es la tradición oral la que ha sido fundamental para su rescate. El Proyecto de Desarrollo Comunitario desde principios de los noventa hace que esta tradición continúe y por ello cada año, el martes de carnaval lo sigue intentando.

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