El Ciclo del Año dentro de Las XXI Jornadas Educativas de Cultura Popular

by Proyecto La Aldea on 27 noviembre, 2012

Este sábado y dentro del marco de las XXI Jornadas Educativas de Cultura Popular, las personas del conocido Proyecto de Desarrollo Comunitario escenificaron el emotivo Ciclo del Año, una representación que, por diferentes evidencias, se convierte en todo un testimonio directo del pueblo de La Aldea en sus cotidianos quehaceres anuales desde comienzos de la zafra del tomate hasta el día 11 de septiembre, punto y final de las Fiestas Patronales con “El Charco”.

La particularidad de este «teatro» estriba en que sus actores cumplen sobre el escenario, por regla general, las labores que han desempeñado a lo largo de sus vidas o en la actualidad, y dan a conocer oficios, labores, fiestas, hechos concretos del cotidiano vivir anual al modo de múltiples escenas de la realidad palpable.
La escenificación se convierte, sin duda, en toda una exposición viva de aspectos de la realidad histórica aldeana que a su vez revelan -dan a conocer- situaciones tradicionales múltiples de toda Canarias, tanto en la actualidad (zonas de carácter rural, con similitudes sociales con La Aldea), pero sobre todo del pasado reciente y no tan reciente de muchos de los pueblos de las islas, hoy urbanizados en buena parte y, por tanto, sin todas estas actividades y costumbres que, de alguna manera, se viven a día de hoy en el municipio del noroeste grancanario o, en cualquier caso, los más mayores recuerdan con claridad.

Los comienzos de esta representación del Proyecto de Desarrollo Comunitario se desplazan en el tiempo unos buenos años atrás: por diferentes motivos, se pensó en recrear en un escenario un día cualquiera en la vida de los habitantes de este pueblo a través del ciclo de vida, llegando hasta lo que la memoria colectiva les permitiera.

De ahí surgió la puesta en escena del Ciclo del Año, en la que más de doscientos aldeanos subieron al escenario y recrearon sus propias vidas (cura, arriero, alcalde, guardia civil, empresario, vendedora de pescado, banda de música, municipal, parrandas etc.).

Conscientes del gran valor que atesoraban estos mayores y del material acumulado, decidieron presentar un proyecto para hacer un libro y documental que titularon La Aldea: Cultura Viva, en el que se explicara de una manera sencilla las claves utilizadas para lograr ilusionar a todo un pueblo en la defensa de su patrimonio tangible e inmaterial.

Como ellos mismos testimonian, la primera impresión, que luego se reafirma a medida que transcurre la recreación, es que lo que se ve allí es algo distinto, es algo singular. Llama la atención que niños, jóvenes y personas mayores participen juntos en el escenario. Además de la fidelidad y la frescura con la que cuentan lo ocurrido, la presencia de enseres, herramientas y utensilios de otra época es objeto de interés. Estas y otras cosas han sido destacadas por las personas que han disfrutado con esta forma de acercarse a la cultura popular que realizan los habitantes de La Aldea, pero sobre todas ellas destaca una: la sinceridad. Esta sinceridad, que es reconocida por los asistentes, incluso antes de ser comprendida, es fruto de un hecho: las personas que están en el escenario no representan ningún papel, no son actores, sino que están recreando su propia vida, además con relevo generacional. Son las personas que dicen ser en la escena. El guardia es el guardia, el alcalde es el alcalde, el capataz es el capataz, y hasta los niños son los hijos o nietos de las personas que están en el escenario unas de forma presencial y otras de forma virtual ya que no se encuentran en esta vida.

Muchas de las personas que participaron la primera vez que se hizo en el año 1995, ya no están con nosotros y esta demostración se le quiso dedicar a todos ellos.

 

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