La forma en que se adopta una decisión y las razones que se aportan para que tal decisión se adopte, ejemplifican otro de los rasgos característicos del Proyecto Comunitario: la participación de todos en su construcción. De hecho, se construye en todos y cada uno de los acuerdos que se toman, por eso las personas que participan en él son conscientes de la importancia de sus decisiones, y que tienen que ver con algunos principios esenciales. Entre ellos se incluye uno primordial: el Proyecto sólo utiliza el dinero para mejorar las actividades que desarrolla.
En una ocasión cuando José Pedro le propuso al pastor Isidro Ojeda Montesdeoca hacer un canto de arada en una audición, le contestó:
-José Pedro, no sé si sería capaz de cantar sin la yunta delante mí, pero, como usted me lo pide y sé que subir la yunta a este escenario sería difícil, lo intentaré, porque como usted dice, lo ideal sería en un terreno, pero también aquí, si no hay otra cosa...
Cuál sería su sorpresa cuando presentó a Isidro Ojeda Montesdeoca para que hiciera el canto y él hace el siguiente comentario al público presente:
-Me han pedido que haga un canto de arada para ustedes, para mí es la primera vez en mi vida que lo hago sin la yunta. No sé cómo va a salir, voy a cerrar los ojos para reconcentrarme, e imaginarme que estoy en la montaña con la yunta delante mí.
Mientras cantaba Isidro Ojeda, observaba el sentimiento y la frescura que le imprimía al canto. Sin lugar a dudas la espontaneidad solamente la pueden dar los que han vivido esa cultura. El público presente, la mayoría de zonas rurales, le otorgó una gran ovación.
Aquellas palabras del pastor le llegaron a lo más hondo del corazón. Cuando terminó, José Pedro se dirigió a él y le comentó:
-Isidro, le felicitó y le prometo que si algún día nos ganamos la lotería o tenemos algún dinero, le propondré a nuestra gente comprar una yunta para que usted pueda arar y cantar como siempre lo ha hecho, en un terreno.
El Patronato de Turismo del Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria convocó un concurso en la modalidad de muestras etnográficas dotado con quinientas mil pesetas, en la que nosotros participamos, llevándonos el primer premio.
La cuestión no podía ser más delicada, nos acababan de otorgar el primer premio y había que decidir qué hacer con el dinero.
Como en otras ocasiones de este tipo, fuimos convocando a todas las personas del proyecto a una reunión. Una vez que el salón estaba lleno, se planteó la cuestión: ¿Qué hacemos con el dinero? Tras oír varias propuestas, la que finalmente aceptamos no tardó en aparecer: había que comprar una vaca...
Las vacas que íbamos a comprar con el efectivo del premio eran muy necesarias por dos razones: una, nos permitiría incorporar nuevas actividades en el museo de “La Gañanía” y otra, era esencial para que el pastor pudiera recuperar una parte de su forma de vida.
La amplitud y variedad de actividades que configuran el Proyecto de Desarrollo Comunitario de La Aldea de San Nicolás es posible gracias a una singular organización y también al respeto exquisito a unos principios que todos los participantes aceptan como propios.
La organización
En consonancia con las exigencias y las formas actuales, el Proyecto de Desarrollo Comunitario tiene un reconocimiento como institución social con sus órganos formales. Pero si nos dejáramos llevar por estos datos, resultaría muy difícil comprender la organización real del proyecto, ya que guarda una estrecha relación con las experiencias, los valores y las ideas de la propia cultura popular que contribuye a desarrollar.
El núcleo central de la organización es, como el ejemplo ilustra, el “consejo”, es decir, la reunión de personas que abordan juntas las decisiones más importantes. En este “consejo” pueden participar todas las personas que lo deseen.
El otro gran soporte organizativo es la autoridad que se le reconoce a un núcleo de personas. Este reconocimiento viene dado por su profunda dedicación al proyecto y a su ya probado criterio.
Desde sus orígenes, el proyecto ha tenido el soporte de alguna institución educativa. Cuando se originó fue la Residencia Escolar de La Aldea y en la actualidad es el Centro de Educación de Personas Adultas de La Aldea la institución que soporta su estructura básica.
El apoyo aportado al proyecto por esas instituciones se corresponde perfectamente con la orientación educativa que desde el propio proyecto se le ha dado a la cultura popular. Estamos convencidos, y así lo hacemos ver en nuestras manifestaciones, de que el acervo popular, además de aportar un rico folclore, reúne un conjunto de valores y de conocimientos que pueden contribuir a mejorar nuestra convivencia.
Muchos de esos valores han sido incorporados como principios al funcionamiento del grupo. De hecho, la gran cantidad de actividades que se desarrollan anualmente no se podrían realizar si no fuera porque el grupo asume estas actividades como se abordaban muchas tareas a comienzos de siglo: bajo un principio de solidaridad compartida.
Los principios
En La Aldea, para referirse a esa forma singular de realizar una actividad que consiste en compartirla con alguien, sabiendo que luego ese alguien también te ayudará a ti cuando lo necesites, se utiliza la expresión “echar un techo” o “hacer una junta”. “Echar un techo” no sólo es ayudar a construir su propia casa, que era algo muy común, sino colaborar con alguien a realizar actividades que difícilmente podría hacer solo y que son esenciales para la vida.
“Echar un techo” es una expresión de una cultura solidaria en la que el mutuo favor puede suplir con acierto al trabajo remunerado. “Echar un techo” es, además de un momento de trabajo solidario, un momento festivo. El trabajo se compensa con la diversión, haciendo mucho más agradable la dura tarea.
Las “descamisadas” son otro buen ejemplo de una actividad compartida solidariamente. Consisten en reuniones de familiares y amigos que se realizan una vez cosechada la piña de millo, para quitarle “las camisas”. La “descamisada” era una buena oportunidad para compartir las faenas del campo y crear lazos solidarios.
Las “descamisadas” son, además, un excelente momento para generar una rica cultura popular ya que el trabajo monótono de limpiar la piña se ve acompañado por relatos de aventuras, romances, cantos de trabajo, etc.
Así pues, además de una estructura organizativa soportada por instituciones educativas en las que el “consejo” y la autoridad son fundamentales, el Proyecto de Desarrollo Comunitario es posible gracias al respeto incuestionable a un principio de compromiso solidario con la cultura.
Junto al principio del compromiso solidario con la cultura hay otro principio que resulta esencial en el funcionamiento del proyecto: la no instrumentalización de las personas. Esto supone, además de un respeto escrupuloso por quienes han generado la cultura que queremos preservar, una atención y un cuidado exquisito en nuestro trato con ellos. Desde el proyecto concebimos un respeto hacia la cultura popular y una atención permanente hacia las personas que han creado esa cultura.
La ejemplificación de este principio con alguna situación no resultaría difícil ya que las personas comprometidas se han embarcado en actividades como arreglar casas, limpiar terrenos, facilitar contactos con familias de otros países, etc. Pero la aceptación consecuente de ese principio nos impide relatar alguna de estas situaciones.