¿QUÉ QUEREMOS LOGRAR? PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Proyecto La Aldea   
Sábado 12 de Diciembre de 2009 21:24

La vida durante las últimas décadas no ha sido fácil para las personas que alcanzaron su plena madurez personal y profesional a mediados del siglo XX. Personas que ahora tienen sesenta, setenta y hasta noventa años, que habían dejado los difíciles años de la posguerra, ahora se enfrentaban a otra difícil situación: encontrar su lugar en la nueva sociedad.

Conocíamos mujeres y hombres cuya profesión había desaparecido, que veían cambiar a su alrededor la vida y que no siempre entendían lo que estaba ocurriendo, pero ante todo que no lograban identificar su papel en la nueva sociedad.

“Echar días p'atrás” era la expresión que solían utilizar para describir su forma de vida muchos de los que ahora han pasado a formar parte del Proyecto Comunitario de La Aldea. Esta expresión describe bien una forma de vivir sin esperanza, sin ningún afán.

Cuando comenzaron a colaborar en las actividades promovidas por el proyecto, sus vidas adquirieron un nuevo sentido. Eran personas a las que se les reconocía un gran valor social: eran los protagonistas de una cultura que tenía mucho que enseñarnos. Ahora esas personas se sienten parte de una comunidad, hasta tal punto que legan su patrimonio familiar como es el caso de la familia de Juan León Martín. En el homenaje realizado en las fiestas de San Nicolás del año 2001 a tres músicos destacados de este pueblo, entre los que se encontraba él, en el momento de la entrega de la placa, una de sus hijas, “Sasa” (Nicolasa León), portando una maleta se dirige al público presente con estas palabras:

-En una reunión familiar, hemos acordado entregar al Proyecto Comunitario de La Aldea esta maleta que contiene toda la herencia musical de mi padre. No sabemos lo que contiene, porque no la hemos abierto desde su fallecimiento, pero sí confiamos en que harán buen uso de su contenido.

 

Describir el cambio de sentido que para sus vidas tiene el participar en el Proyecto Comunitario nos parece que es una buena forma de anticipar la formulación de lo que aspiramos a lograr. Nuestra aspiración es sencilla: buscamos mejorar la integración social a través del compromiso solidario con la cultura popular.

Entendemos que la cultura aportada por nuestros mayores tiene un gran valor social y un enorme valor educativo, entre otras razones porque es depositaria de valores, experiencias y saberes que les han ayudado a superar momentos muy difíciles.

No resulta fácil imaginar en nuestros días lo que podría suponer que una persona caminara durante horas a través de barrancos profundos con la única compañía de algunos animales. El canto era el único acompañamiento, bien con letras festivas o tristes, de amor o de enemistad; era la única fuerza que hacía tolerable una situación de este tipo. Este es, a nuestro juicio, el sentido profundo de la cultura: hacer tolerable nuestra existencia, darle sentido, ayudarnos a comprender quiénes somos, dónde estamos, qué podemos hacer, etc.

La cultura popular que nos han legado nuestros mayores ha servido para justificar situaciones intolerables hoy en día, pero también es verdad que les ha servido para superar esas mismas situaciones y dejarnos un mundo distinto. Cuando se lee la hermosa historia de una persona que se enfrenta a la injusta situación por la que atraviesa la propiedad del agua y crea una pequeña joya de la cultura popular como la que ahora recogemos, uno no puede por menos que pensar que el olvido en el que la hemos tenido es, al menos, tan injusto como muchos de los momentos vividos.

Maximiano Matías Llarena más conocido por su sobrenombre, Guajiro Peñón Rajao. Fue un excelente poeta e improvisador de décimas; luego las escribía y en la calle las ofrecía a los vecinos, quienes le daban la voluntad, algunos una pesetilla e incluso nada, pero él las ofrecía igualmente.

Nació a finales del siglo XIX, 1885; era uno de los mayores de 14 hermanos. Trabajó en todos los oficios que le pudieran proporcionar el sustento como panadero, labrador, carbonero y por último barbero, oficio en el que trabajó más tiempo.

En nuestro pueblo existe una comunidad de regantes que controla y regula las aguas de los comuneros. Entre sus normas está que cada comunero puede ir disponiendo de su agua durante el año, pero que una vez que llueve y rebosa la presa, se vuelve a repartir a cada uno lo que le corresponda según la cantidad de terreno inscrita. En La Aldea ocurrió que algunos especuladores que en ese momento regentaban esa comunidad, para no perder su agua, soltaron la presa de noche para que no rebosara con las lluvias. En el pueblo, cuando lo descubrieron, se armó un gran revuelo. Los responsables en ese momento alegaron que una anguila se había enredado en la llave y la había abierto.

Maximiano Matías hizo unas décimas que luego repartió en el pueblo referentes a este acontecimiento. Este hecho le ocasionó grandes problemas, siendo denunciado y detenido por haber escrito las siguientes décimas acerca del agua de las presas:

Su hijo Fermín nos contó lo que pasó la noche que se llevaron a su padre preso al Juzgado de Santa María de Guía, ya con 84 años.

-Aquella noche fui como todos los días a casa de mis padres, porque nunca me acostaba sin darles una vuelta a ver si estaban cenados, o si no tenían qué comer. Venía de traerle a Juan el de la Bodega 400 pesetillas sueltas que le hacían falta para el cambio, miré para abajo y vi la casa con luz y mi madre llorando en la puerta.

-Madre ¿Qué pasa?
-Que se llevaron a tu padre para la guardia civil.

Corrí como un loco y Melao, que estaba en la plaza, me dijo:
-A tu padre se lo llevaron los guardias civiles.

Entonces, llegué al cuartel y no me dejaban entrar, yo les dije que a mi padre no se lo llevaban sin contar conmigo y con el médico. Me dejaron pasar y lo llevaron a Guía. Cuando el Juez lo vio llegar dijo:

-Esto es una injusticia... traer a este hombre tan mayor.
El Juez le fue preguntando, a ver si las poesías se las mandó a hacer alguien o fue cosa de él. Entonces mi padre le improvisó otra poesía sobre la marcha y el juez le dijo que se podía ir ya, y no pasó nada. Entonces mi padre inventó esta otra poesía que dice así:

 

La búsqueda de esa integración social es la que delimita el concepto de desarrollo que deseamos construir: aspiramos a que los aldeanos y aldeanas constituyan una comunidad. Nuestro proyecto quiere ser un lugar de encuentro, un punto de partida, una base sólida para construir un futuro diferente.

Una vez definido que el sentido último de nuestras actuaciones es facilitar la integración social a través de un compromiso solidario con la cultura, podemos añadir que ese sentido es el que orienta las acciones que ya hemos presentado, y que se concreta y articula en objetivos mucho más precisos:

-Recuperar, catalogar y conservar el amplio legado de cultura popular que nos han dejado muchas generaciones de aldeanos y aldeanas.

-Difundir el legado cultural heredado de modo que pueda ser adecuadamente comprendido y valorado.

-Dotar a la cultura popular de un valor educativo actual para que pueda servir de base en la creación de una nueva cultura popular.

-Contribuir a la mejora de la situación social y personal de todas aquellas personas que han contribuido a lograr el legado cultural actual.

-Promover el intercambio de experiencias, manifestaciones, y conocimientos entre todas las personas interesadas en conservar y transmitir el patrimonio popular de Canarias.

Última actualización el Sábado 12 de Diciembre de 2009 21:26
 

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