La verdad es que llegar hasta aquí, entendiendo por tal lugar todo aquello que acabamos de describir, no ha sido nada fácil, aunque no creemos que nuestra situación sea muy diferente a la que viven otros muchos proyectos sociales o culturales. Vivimos tiempos en los que cualquier empresa que no tenga una rentabilidad económica inmediata parece condenada al sacrificio.
En honor a la verdad y, sobre todo, en honor de todas aquellas personas que se han acercado a nosotros con el deseo de comprender lo que estábamos haciendo, hemos de reconocer que este Proyecto se ha ido abriendo camino lentamente y en la misma medida se iban superando los obstáculos. Esto significa que mucho de lo que ahora hemos escrito no estaba en el comienzo de nuestras acciones, sino que se ha ido construyendo como una reflexión dolorosa que nos ayuda a decidir en cada momento lo que convendría hacer.
Lo que pretendemos decir es que nuestro proyecto no obedeció a un plan predefinido sino que se fue definiendo a medida que abordábamos nuevas actuaciones, de modo que su forma actual es el resultado de aciertos y errores. Tal vez un ejemplo pueda ayudar a entender lo que queremos decir:
En cierta ocasión, mientras estábamos grabando algunos cantos populares se produjo una situación que pasado un cierto tiempo hemos identificado como crucial. Siguiendo la costumbre de nuestra época, estábamos musicando un romance, un hermoso romance que, una vez escuchado, nos parecía aun mucho más hermoso, que dice:
Desde niña fui lechera,
tan feliz y tan dichosa.
Nací en aquella montaña,
cerca de Villaviciosa.
Por tanto querer a un hombre
del mundo fui despreciada,
maldigo aquellos amores,
que me hicieron desgraciada.
La tarea no resultó fácil puesto que no teníamos mucha experiencia en este tipo de trabajo y no contábamos con medios técnicos adecuados; sin embargo, nuestro empeño era más grande que nuestras dificultades, así que una y otra vez volvimos al intento.
Después de haber repetido el tema varias veces y cuando parecía que al final lo habíamos logrado se produce una conversación entre José Pedro y Pino Molina Martín. Se encontraban sentados en el salón escuchando la canción y al finalizar, a Pino Molina le tocaba grabar un tema relacionado con las hogueras de San Juan, en el Toscón:
-¡Qué lindo suena este romance con la música!.
-¿Le gusta, Pinito?
-Sí, está bonito, pero nosotros los romances nunca los cantábamos así .
-¿Cómo es eso?
-Quiero decir que nosotros, cuando cantábamos ese romance, nunca lo hacíamos con instrumentos, porque lo cantábamos mientras trabajábamos.
Después de estas palabras había que tomar una decisión. Si continuábamos con la grabación del romance tal y como lo habíamos empezado, podíamos hacer algo hermoso, pero no estábamos respetando ni la cultura ni la forma de vida en que se originó. Si no musicábamos el romance, entonces tendríamos que dejar de seguir grabando otros temas que aún nos quedaban.
Finalmente, después de un pequeño debate, optamos por no seguir grabando estos temas con música e invitamos a Pino Molina y a otros informantes a que fueran ellos los que los interpretaran para esta grabación. El romance musicado nunca más se volvió a oír. Sólo recientemente, en un acto en el que estábamos exponiendo estas mismas ideas, se volvió a escuchar.
A lo largo de la pequeña historia de nuestro proyecto hemos vivido muchas situaciones como estas, momentos en los que hemos tenido que decidir el camino que convenía seguir. Algunas de esas decisiones no han sido fáciles, ya que podían obligarnos a ir contracorriente. Por ejemplo, cuando decidimos no musicar el romance sino que lo cantamos como se hacía en realidad, estábamos cambiando nuestro futuro e incluso estábamos contradiciendo lo que en ese momento aspirábamos a ser. Al decidir no musicar el romance no éramos conscientes, pero ahora sí lo somos, de que estábamos dejando de ser una agrupación folclórica.
Obviamente, nuestra elección no supone que seamos ni más ni menos, ni mejores ni peores, que una agrupación folclórica o que otras formas de relacionarse con la cultura popular, quiere decir simplemente que íbamos a ser otra cosa diferente.
Situaciones críticas de este tipo hemos vivido bastantes, aunque no siempre seamos conscientes del modo en que han marcado nuestro futuro. En cualquier caso, conviene que nuestros amables lectores y lectoras conozcan algunos de los momentos que han hecho posible nuestra realidad actual.
Educar en la cultura popular
En cierto modo, nuestro proyecto comienza cuando dos de nosotros, José Pedro y Lidia, decidimos incorporar la cultura popular a las actividades del centro educativo en el que trabajamos. Esto ocurrió a finales de los años setenta en la Residencia Escolar de La Aldea de San Nicolás.
Esa cultura fue durante todo este periodo un soporte importantísimo para completar la formación básica de los jóvenes.
La vida en una residencia escolar presenta muchas dificultades. De hecho, lograr una convivencia adecuada siempre resulta un gran reto. La vida en la Residencia Escolar de La Aldea no era muy distinta a la de otras residencias. Nuestra preocupación por lograr una convivencia adecuada estaba estrechamente relacionada con nuestra preocupación por reducir las consecuencias negativas que podría tener sobre los residentes la separación prolongada de sus entornos familiares.
La conexión entre una y otra preocupación se nos hizo evidente: el desarraigo podía generar inquietud, insatisfacción y tensiones. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de las enormes posibilidades que ofrecía la cultura popular tanto para mejorar la convivencia como para evitar el desarraigo.
Uno de nuestros mayores aciertos fue el propiciar canales de participación a los padres e involucrarlos en el proceso educativo de sus hijos. La forma fue muy sencilla: lo hicimos en el campo en el que ellos eran auténticos catedráticos, en su cultura tradicional. Los resultados llegaron rápidamente.
Nuestro convencimiento era profundo, pero no estaba basado en ninguna evidencia concreta, de aquí que cada actividad que proponíamos era una oportunidad para comprobar el acierto o el error de nuestros planteamientos.
Creamos grupos para aprender a tocar algunos instrumentos, para aprender algunos juegos, etc.
Descubrimos que en Tasarte, de donde procedía la mayoría de nuestros alumnos, había unos hornos de tejas; investigamos con los propios padres y encontramos la cantera de arcilla. Con ella hicimos algunas piezas de cerámica y con la ayuda de David J. Nieves, con el que nos pusimos en contacto, se hizo un taller de cerámica muy interesante. Se construyó hasta un horno para cocer la loza porque al aire libre era un poco peligroso para los niños. Todo esto nos llevó a hacer un estudio de la cerámica en La Aldea y seguir los pasos de las loceras de Lugarejo, como es el caso de Adolfina Cubas. Se lo notificamos al Cabildo y se le hizo un vídeo educativo..
Todas las actividades que organizamos requerían la presencia y la colaboración de algunos familiares de los alumnos y también de algunas personas que, sin ser familiares, eran las que disponían del suficiente dominio de aquellos aspectos de la cultura popular que queríamos transmitir. Fue así como entramos en contacto con las personas que luego constituirían el núcleo del Proyecto de Desarrollo Comunitario.
Durante el tiempo que trabajamos en la Residencia Escolar tuvimos ocasión de comprobar el valor educativo de la cultura popular. Nuestra actuación fue adoptando formas diversas, incluida la forma de un proyecto de innovación e investigación educativa que más tarde y ya en el Colegio de Cuermeja se llamó “aula de música”.
Con esta experiencia que duró tres años, más o menos, aparte de las clases de música que se daban a todos los alumnos, sin estar aún esta asignatura reconocida en su currículo escolar, se hacían talleres de investigación del medio. De aquí salieron algunos trabajos:
-Juegos y Juguetes de Nuestros Mayores, en cuya investigación participaron los niños y niñas directamente. Este trabajo fue publicado por la Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias.
-El Carnaval Tradicional. De él tenemos una anécdota muy significativa. Cuando estábamos haciendo entrevistas a las personas que tenían alguna noticia sobre cómo era el carnaval antiguamente, visitamos a Don Ezequiel Ramírez, en La Cardonera. Él era en realidad, un buen informante para los bailes de taifa porque en su casa se llegaron a celebrar, pero en esta ocasión sólo nos interesaba el carnaval y le dijimos:
-Háblenos sólo del carnaval, Don Ezequiel, que para lo de los bailes venimos la próxima semana.
Efectivamente hicimos grabación y fotos sobre la entrevista. Todo esto ocurrió un Viernes por la tarde. Cuál fue nuestra sorpresa y la de los niños que fueron a entrevistarlo cuando nos enteramos de que D. Ezequiel apareció muerto el Domingo. Fue una pérdida tremenda; los niños se sintieron muy mal y fue a partir de este momento cuando comprendieron el verdadero valor de lo que estaban haciendo, como era el descubrir el pasado y las formas de vida de nuestros antepasados, porque nada de esto estaba escrito en los libros, sino en la memoria de nuestros mayores.
A partir de aquel momento, fueron los propios alumnos los que sintieron la necesidad de acelerar y añadir más días de grabaciones a nuestros mayores de los que inicialmente estaban programados en las clases de historia.
Sin embargo, otro gran descubrimiento estaba por llegar, este descubrimiento se produciría en un nuevo marco institucional.
Fuera del Colegio comenzamos trabajando con jóvenes que habían salido de nuestro centro y de otros, con la finalidad de hacer una agrupación que representara a todo el pueblo. Empezamos como cualquier otro grupo folclórico, imitando a otros ya reconocidos. Como al mismo tiempo estábamos investigando con los niños, nos dimos cuenta del gran valor cultural que teníamos en nuestro pueblo. Intentamos imitar las formas de los cantos y bailes de nuestros mayores. No contentos con nuestro trabajo, los llamamos, para que nos asesoraran. Cuando los vimos representar sus cantos y sus bailes notamos la frescura y naturalidad con que lo hacían, muy difícil de imitar. En ese momento, les sugerimos que lo hicieran ellos directamente. Se animaron y empezaron a ensayar en el club de pensionistas. En principio fue difícil porque algunos mayores, que se incorporaron más tarde, eran reacios a participar por pensar que iban a hacer el ridículo. Al ver el éxito de los ensayos y su aceptación, fusionamos los dos grupos, mayores y jóvenes, con la misma finalidad. La primera actuación intergeneracional fue en las Fiestas del Charco de 1990.
En principio, la convivencia entre los jóvenes que estaban entonces y los mayores tuvo algunos problemas de protagonismo. El grupo de jóvenes conocidos por “Agrupación La Aldea” tenía ya cierto prestigio a nivel regional y había tenido actuaciones importantes, como el Festival de Folclore en las Fiestas Lustrales de La Palma representando a Gran Canaria, el Festival de Rescate de Icod en Tenerife, con unos romances musicados y la colaboración de dos personas mayores, Carmen Ramos Ruiz y Juana Rodríguez Reyes, y el Festival de Maspalomas. Este recelo por parte de algunos jóvenes surgió a raíz de las primeras muestras realizadas, como por ejemplo “el homenaje a Nanino Díaz Cutillas”, en el Centro Insular de Cultura del Cabildo en 1991, actuación grabada por Televisión Española y emitida por el programa “Taifa y Candil”. El protagonismo de los mayores en este acto fue evidente, algo nunca realizado en Canarias. Esto dio lugar a los primeros problemas internos del grupo, y aquí destacamos de nuevo la frase de Bartolito que se menciona al principio de este libro, cuando nos reunimos para ver qué línea tendríamos que seguir:
-Si alguno no se encuentra a gusto en este barco, que aproveche y se tire por la borda, porque este ya tiene el rumbo marcado y tiene que llegar a puerto.
Como resultado de esta propuesta, unos se marcharon y otros se integraron en este gran grupo que incluyó también a los niños para mostrar el folclore infantil. A partir de este momento se toma un nuevo rumbo y la convivencia entre las tres generaciones ha sido siempre excelente. El grupo de jóvenes siempre es menos estable, van y vienen por motivos de trabajo o estudios, como es natural, pero siempre los consideramos del grupo. Ellos saben que siempre tienen las puertas abiertas.
Quisiéramos dejar constancia de nuestro agradecimiento a aquellos jóvenes que iniciaron el grupo y que aún continúan con nosotros como: Ernesto Dámaso, María Perera y Nando Herrera, sin olvidar a los que no están por motivos personales, pero que siguen creyendo en este proyecto.
Cultura popular y desarrollo comunitario
La incorporación al Centro de Educación de Adultos de la Aldea de San Nicolás supuso para nosotros un nuevo reto profesional, pero también una nueva oportunidad para seguir trabajando y reflexionando sobre el valor educativo de la cultura popular.
Las personas que estaban colaborando con nosotros en la Residencia Escolar, y luego en los talleres del Colegio de Cuermeja, continuaron su colaboración también en el Centro de Adultos. Esto comenzó a dar algunos frutos importantes: iniciamos las primeras grabaciones de cantos populares, los primeros talleres artesanales, las primeras escenificaciones de la cultura popular. Destacar aquí al grupo de personas mayores que fueron los promotores de este Proyecto: Rosario Molina, Miguel Almeida, Carmen González, Venancio Díaz, Cayita Navarro, Braulio León, Martín García, Lolita Rodríguez, Agapito García, Yolanda Castellano, Sebastián Álamo, José Segura , Primitiva, Juan Cruz Vega, Gorgonia Vega, Segundo Ramos, Reyes Rodríguez, Antonio García, Carmita Ruiz, Mamina Espino, Juanita Rodríguez, Lalo Sánchez, Consuelo García, Abel Suárez, Vicentita Segura, Bartolito Valencia, Juan García, Juanita Suárez, Juanita Vega. No podemos olvidarnos de los que han pasado y los que actualmente mantienen vivo este Proyecto.
Muchas de estas actividades suponían una nueva línea de actuación, pero representaban sobre todo una nueva forma de pensamiento: creíamos que la participación de las personas adultas en actividades educativas nos permitía disfrutar de su legado cultural y, además, contribuía a mejorar sus propias condiciones de vida. Este nuevo pensamiento dio origen a la idea de convertir nuestra colaboración en un proyecto de desarrollo comunitario y a transformar las colaboraciones puntuales con las personas adultas en una colaboración permanente en la que ellos y no nosotros comenzaban a ser los protagonistas.
Como se habrá podido comprobar a lo largo del tiempo, nuestro proyecto ha ido adoptando formas distintas, ha ido teniendo destinatarios distintos, aunque siempre se han conservado las aportaciones de las épocas anteriores. Las ideas originales han evolucionado con nosotros y se han ido adaptando a las condiciones, exigencias y posibilidades de cada momento.