La Aldea de San Nicolás que da su nombre y acoge a los protagonistas de este proyecto, es un municipio de la isla de Gran Canaria. La Aldea, como familiarmente la conocen todos los canarios, se encuentra situada en el oeste de la isla, en el final de uno de los barrancos más importantes, por sus dimensiones, de las islas: la Cuenca Tejeda-La Aldea.
Este pueblo no sólo acoge y da nombre al proyecto, sino que algunas de sus características resultan difícilmente comprensibles si no aparecen relacionadas con sus circunstancias geográficas, históricas, sociales y económicas propias. Creemos que hay especialmente tres factores que marcan la singularidad de este proyecto comunitario:
-El reparto igualitario de las tierras.
-La confluencia de múltiples culturas locales (cultura de barranco).
-Y su doble aislamiento respecto a la isla en la que está situado y del resto de las islas.
El reparto igualitario
De todos los acontecimientos que han contribuido a que este municipio sea tan singular y tenga su propia historia, hay uno que llama especialmente la atención: el modo en que se produjo el reparto de tierras y agua.
Téngase en cuenta que, desde el Antiguo Régimen, siglos XVI, XVII y XVIII, hasta el siglo XX, ha tenido lugar el famoso pleito de La Aldea, una larga lucha por la propiedad de la tierra de todo un pueblo en contra de los terratenientes que usurpaban su territorio. Este famoso pleito socioagrario se soluciona en 1927, con el desplazamiento del ministro de Gracia y Justicia de entonces, Galo Ponte y Escartín,
cuando el estado compra la finca en litigio y se la vende a los colonos a razón de las parcelas cultivadas, así como los derechos del agua de la Cuenca Tejeda-La Aldea. Es a partir de este momento cuando la tierra y el agua no pueden ir por separado.
Este acontecimiento histórico ha marcado en más de un sentido la cultura popular de La Aldea, sobre todo si tenemos en cuenta las consecuencias que ese episodio tuvo para generar una base igualitaria entre sus habitantes.
La confluencia de culturas
Como cualquier otro pueblo de la isla, ha estado bastante marcado por la emigración e inmigración. Muchos llegaron a nuestro pueblo durante los siglos que siguieron a la conquista, cosa que se manifiesta en testamentos y otros escritos custodiados en el archivo parroquial, pero también se tuvo que salir en siglos posteriores, sobre todo en épocas de sequía, hacia el continente americano, más concretamente a Cuba.
Sin embargo, durante décadas, La Aldea ha sido lugar de destino para muchos canarios y canarias. Desde los pueblos más cercanos e incluso desde otras islas, han sido muchas las personas que han buscado y buscan aquí una oportunidad para vivir.
La zafra del tomate, desde comienzos del siglo XX, era una ocasión para el encuentro de muchas personas ya que, dada la duración de estas labores, era necesaria bastante mano de obra para realizar el trabajo en el menor tiempo posible.
Este encuentro facilitaba el intercambio de costumbres y tradiciones e, incluso, fue el origen de muchas manifestaciones populares, como la canción que presentamos a continuación y en la que las mujeres aldeanas se quejaban ante las mujeres forasteras de su relación con los hombres de La Aldea. Este canto solía acompañar a las mujeres que trabajaban en el empaquetado del tomate.
Ya llega el mes de mayo,
se marchan las forasteras,
se quedan los aldeanos
con sus novias verdaderas
Si la zafra se termina
ella vuelve para el año,
se quedan las aldeanas
con el mismo desengaño.
Los habitantes de los pagos y pueblos cercanos a La Aldea solían dirigirse a ella para intercambiar sus productos. Los habitantes de las zonas próximas a las cumbres cambiaban sus frutos y sus artesanías por productos de la tierra o por pescado. Una vez más, La Aldea se convertía en lugar de acogida. Hay restos característicos de estos intercambios, como el que hemos recogido de unas personas que viven en el barrio de El Hoyo, en el municipio deLa Aldea de San Nicolás, con antepasados procedentes de las cumbres.
Testimonio de José Ramírez Valencia, Isabel Ramírez Montesdeoca y Julia Ojeda Afonso.
-Hacíamos trueque con la lana. Tejíamos mantas y las cambiábamos por papas en el campo o por pescado en la playa de Mogán. En ese tiempo, el dinero corría poco y todo era intercambiado...”
La Aldea ha sido también puerta de entrada y salida de los canarios y canarias hacia otros países. Su pequeño puerto ha despedido y recibido a los “indianos”, a la vez que ha sido la base desde la que la producción de tomates llegaba a Europa.
Estos episodios de la vida aldeana también nos han dejado ricas manifestaciones culturales, especialmente en relación con los indianos.
El doble aislamiento
La Aldea de San Nicolás de Tolentino se halla situada en el fondo de un barranco cuyas paredes llegan a alcanzar más de 1500 metros de altura. Esta orografía hace que la comunicación con el resto de la isla nunca haya sido fácil. Por extraño y paradójico que pudiera parecer, resultaba más fácil para los pobladores de La Aldea comunicarse con la isla de Tenerife, situada justo enfrente, que con el resto de la isla de Gran Canaria.
Son muchas las manifestaciones culturales que tienen origen en esta peculiar situación de doble aislamiento y de proximidad a la isla de Tenerife.
Lo del aislamiento siempre ha sido para el aldeano un escape para salir de los apuros. Cuenta la tradición oral de unos aldeanos que llegaron al puerto de Santa Cruz y los paró la guardia civil para detenerlos:
-¿Qué gente anda por ahí?
-No, nosotros no somos gente, somos unos pobres aldeanos que venimos a comprar unas camisuelas.
Esto todavía se utiliza hoy en día, en los médicos, en las oficinas del paro, al coger un coche de hora, “...Es que como somos de La Aldea, para que nos dejen pasar primero...”